En esas lindas charlas de café en las que se transforman las entrevistas a protagonistas en las que participa el Ingeniero Gustavo Almassio en Mañanas de Campo, fue el turno de un rico ida y vuelta con el Ingeniero Mario Cattáneo. El tema en cuestión, el lanzamiento de la campaña fina, que está a nada de poner primera.
La buena noticia que significa arrancar con los perfiles cargados (lamentablemente en muchas zonas del sudeste hoy hay campos inundados) y con pronósticos de Niño, también abre un abanico de cuestiones y obliga a empezar a tomar decisiones. “En un año como este tenemos que tener en cuenta muchas cosas”, avisa Cattáneo.
Y desglosa: “¿Qué pasa con los nutrientes? El nitrógeno con tanta agua debe estar por ‘allá abajo’ y vamos a tener que hacer análisis de suelo y ajustar los números, porque las fuentes de nitrógeno no están baratas, y entonces eso va a incidir en los números finales”.
“¿Qué pasa con la sanidad? Hay que ver la sanidad de la semilla, y los rastrojos que tenemos en el lote. ¿Y las variedades? ¿Y las fechas de siembra? Hay mucho por analizar en un año que pinta distinto y con números muy ajustados, obviamente”, plantea.
Ahí surge la primera máxima, “hay que ser muy eficientes”.
No por mucho madrugar…
En el sur bonaerense hay una tendencia cada vez más marcada de sembrar temprano. Pero no siempre Dios ayuda al que madruga. “Por ahora hay muchos campos con agua, en el caso del trigo la ventana de siembra llega hasta agosto y tiene una paleta más grande de variedades. La de la cebada es menor y tiene un poquito más ajustados los ciclos. Pero la recomendación es diversificar la fecha de siembra”, indica Mario.
“Está bien que siembren cebada temprano, para muchos operativamente es necesario, pero yo digo que también lo hagan más en junio y julio. Los problemas que tuvimos de helada el año pasado fueron generalizados porque todos sembraron en la misma fecha. Entonces, las espigazones se dieron todas juntas y cuando cayó la helada afectó a un porcentaje muy importante de la cebada. El impacto fue menor en trigo”, repasa.
“Más allá de las complicaciones operativas, yo creo que tenemos que diversificar en variedades, en ciclos y en fechas de siembra”, insiste.

El Ing Mario Cattaneo en uno de los lanzamientos de Buck Semillas.
Antecesores
A la hora de pensar la campaña y la decisión de siembra, Mario pone un asterisco en los lotes a elegir. Es materia corriente hablar de la residualidad de un herbicida preemergente aplicado para limpiar el potrero, en este caso el Ingeniero pone la lupa en la residualidad de los productos aplicados en los cultivos antecesores.
“Tenemos que ver qué pasa con los productos usados antes, en soja o girasol. Ahí hay alguna discusión sobre la descomposición de esos productos, porque si bien hoy hay agua, y el agua es importante para la degradación, en el periodo que más se degradan es enero-febrero, y en ese lapso no hubo agua. Además, la temperatura también juega. Eso es para analizar”, advierte.
Pero también apuntó a la residualidad de los herbicidas aplicados en barbecho, sobre todo por las complicaciones logísticas que genera la falta de piso. “Venimos atrasados, se va a entrar tarde a los lotes a hacer las aplicaciones en los barbechos, y hay que tener en cuenta el poder residual de los hormonales. Son productos que tienen una restricción para la siembra, que es más corta para trigo y más amplia para cebada. Apurarnos y no respetar los tiempos se paga caro porque afecta al cultivo”, avisa.
En este sentido, también advierte que “con exceso de humedad los preemergentes tienen una actividad mayor, entonces podemos tener más fitotoxicidad. Hay que tener mucho cuidado cuando hay encharcamiento”, destaca.
Malezas y enfermedades
En épocas de malezas con resistencias en alza y de enfermedades de apariciones sorpresivas y explosivas, Cattáneo apunta al manejo integrado como Norte.
“La resistencia de las malezas abrió un nuevo capítulo en la agronomía, y no es cuestión de productos mágicos, sino de rotar activos, rotar productos, rotar cultivos, y monitorear y observar. Eso es fundamental aún en la era de la inteligencia artificial: pisar el campo sigue siendo importante”.
Baja la misma línea para las enfermedades. Luego de la campaña que pasó, en la que el trigo fue atacado por las tres royas, el Ingeniero asegura:“Hay que acostumbrarse a seguir el cultivo desde el principio hasta el final, hasta que el grano esté adentro de la cosechadora”.
Y esa recomendación tiene que ver con que la roya del tallo es una enfermedad que aparece tarde, normalmente después de espigazón, y fuerte. “Afecta el llenado de granos y te destruye la planta. Entonces, muchas veces ocurre que uno ve el cultivo que viene tranquilo e incluso lotes que no les aplican fungicidas porque dicen ‘está todo bien’, hasta espigazón. Ahí se olvidan y vuelven recién cuando cosechan”.
“El cultivo hay que seguirlo, hay que vigilarlo”, marca.
Ese es un aprendizaje que el productor ya hizo con la roya amarilla, que por el contrario, aparece en el principio del ciclo. “No se acostumbraba revisar las primeras etapas, y ahí es cuando aparece la infección. Después nos acostumbramos al control y hoy todos saben que tienen que ir temprano al lotes a controlar”, comenta.
“Entonces, ahora sabemos que tenemos que ir temprano y también tarde a revisar. Hay que monitorear todo el ciclo del cultivo”, indica.
Un nuevo largo
La charla también fue propicia para que Cattáneo, gerente comercial de Buck Semillas, presente en sociedad el nuevo ciclo largo que lanzó al mercado el semillero de La Dulce: Buck Talero.
“Es una variedad de ciclo largo, tiene requerimiento de frío y también sensibilidad al fotoperiodo. Y sus dos características son su sanidad, ya que tiene muy buen comportamiento a las tres royas (amarilla, de la hoja y del tallo), y también su calidad, es un Grupo I”, describe Mario.
“Se trata de un aporte de Buck para mejorar la calidad, con un material que se adapta más a las condiciones de todo del sur de la provincia de Buenos Aires, donde los ciclos largos son más comunes”, agrega.
Contrato para el candeal
La última parada de la charla fue el candeal, cultivo que si bien es importante en la Argentina, tiene un mercado acotado y es recomendable sembrarlo bajo contrato. “El mercado del candeal es chico. Estamos en 120.000 / 150.000 hectáreas a nivel nacional, no se mueve de eso. Hubo en los últimos dos años como una dinámica y un cambio de jugadores, se fueron algunos y entraron otros, y si bien está más atomizado, lo cierto es que la superficie no crece”, comentó Mario.
“Le diría al productor que lo siembre bajo convenio”, agrega. “El año pasado hubo mucha producción, entonces hoy la industria está cubierta”, completa.
Lo que falta para que comience un despegue es poder ampliar el mercado con más exportaciones de sémola y grano. “Hoy se hacen algunas exportaciones de sémolas muy chicas, se concretó alguna de grano también, pero no hay una dinámica importante de exportación. Entonces, mientras el candeal sea para consumo interno y una reducida venta externa, no tiene vías para crecer”, concluye.
Y así también terminó un interesante paseo por los temas que se imponen con el comienzo de la siembra fina a la vuelta de la esquina.
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