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¿Quién piensa por nosotros?

La sabiduría no nace de la velocidad de una respuesta, sino de la profundidad de las preguntas que somos capaces de formular.

Esta reflexión surge a partir de la lectura de un profundo artículo escrito por Lisandro Prieto, docente, escritor y filósofo radicado en la provincia de San Juan, quien analiza la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas. A partir de ese trabajo, vale la pena detenernos unos minutos para pensar una cuestión que atraviesa nuestra vida cotidiana; es decir, el lugar que ocupa el ser humano en una época dominada por la tecnología y la inteligencia artificial.

Vivimos rodeados de pantallas, algoritmos y respuestas instantáneas. Nunca fue tan fácil acceder a la información. Sin embargo, el Papa nos advierte sobre el riesgo creciente de que la comodidad tecnológica termine reemplazando nuestra capacidad de pensar, de discernir y hasta de relacionarnos con los demás.

León XIV plantea que la humanidad enfrenta una elección decisiva. Podemos construir una sociedad donde la tecnología esté al servicio de la persona, o una donde las personas terminen subordinadas a la lógica de las máquinas y de quienes las controlan.

La encíclica recuerda la verdad fundamental de que la inteligencia artificial puede procesar datos, imitar conversaciones y resolver problemas complejos, pero no tiene conciencia moral. No conoce el amor, el sufrimiento ni la compasión. Puede calcular, pero no puede comprender el valor profundo de una vida humana.

Por eso el documento alerta sobre la tentación moderna de delegar cada vez más decisiones en sistemas automáticos. Desde lo que consumimos hasta lo que pensamos, pasando por las noticias que recibimos o las opiniones que se nos sugieren. Detrás de cada algoritmo hay intereses, valores y decisiones humanas. La tecnología nunca es completamente neutral.

Uno de los conceptos más interesantes de la encíclica es el llamado al “ayuno digital”. No se trata de rechazar la tecnología, sino de recuperar espacios para el silencio, la reflexión y el encuentro real con los demás. Porque la sabiduría no nace de la velocidad de una respuesta, sino de la profundidad de las preguntas que somos capaces de formular.

También hay una advertencia para la educación. Si los jóvenes se acostumbran a recibir respuestas automáticas para todo, corremos el riesgo de apagar la curiosidad, la creatividad y el esfuerzo intelectual que hacen posible el verdadero aprendizaje.

En definitiva, Magnifica Humanitas nos recuerda que el progreso no puede medirse únicamente por el avance tecnológico. Una sociedad será mejor no porque tenga más inteligencia artificial, sino porque sea capaz de conservar aquello que ninguna máquina puede reemplazar, como lo es la dignidad humana, la libertad de conciencia y la capacidad de mirar al otro como un rostro y no como un dato.

Quizás allí esté el gran desafío de nuestro tiempo: aprovechar la tecnología sin perder la humanidad.

José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

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