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Sostener las tecnologías, el gran desafío de la campaña

Con fertilizantes caros, márgenes ajustados y una probable escasez de proteína en la próxima cosecha, Jorge González Montaner pidió evitar recetas mágicas y respaldó las decisiones basadas en datos, experiencia y conocimiento de cada ambiente.

La preocupación por la campaña fina atraviesa hoy buena parte de las conversaciones del sector. La suba de los fertilizantes, especialmente del nitrógeno, obligó a rehacer números y puso a muchos productores frente a una disyuntiva incómoda: ajustar costos o sostener el paquete tecnológico que les permitió construir rindes y calidad durante los últimos años.

Para Jorge González Montaner, referente técnico del CREA Mar y Sierras, la respuesta no pasa por los atajos. Dejó un mensaje directo para productores y asesores: en un contexto complejo, la experiencia vale más que nunca.

“Los productores ya saben qué pasa en un año seco, qué pasa en un año húmedo y saben cuáles son las tecnologías que les funcionan. Si hay algo que no quiero es que compren espejitos de colores”, afirmó.

El asesor reconoció que una urea cerca de los 900 dólares por tonelada obliga a revisar presupuestos, pero sostuvo que el análisis no puede limitarse únicamente al costo del fertilizante. Según explicó, también es momento de revisar arrendamientos, estructuras y otros componentes del negocio.

“Podrás jugarte a perder diez dólares, pero no cien”, resumió.

Montaner señaló que este año comenzaron a observarse cambios en el mercado de alquileres agrícolas, especialmente en el sur bonaerense. Productores que devuelven campos, contratos que se renegocian y valores que empiezan a mostrar ajustes después de varias campañas de estabilidad.

Sin embargo, advirtió que aún en ese contexto no resulta razonable abandonar prácticas que demostraron ser rentables.

La recomendación es simple: partir de análisis de suelo, conocer la oferta de nutrientes y ajustar dosis según potencial y ambiente, pero sin caer en reducciones indiscriminadas.

Los datos de fertilidad que vienen observando en la región muestran un escenario preocupante.

“No hay nitrógeno en ningún lado”, señaló al referirse a los relevamientos realizados en distintas zonas productivas.

Por eso insistió en que las decisiones deben construirse sobre diagnósticos concretos y no sobre expectativas.

También destacó que existen herramientas para optimizar la inversión. La nutrición sitio-específica, el manejo por ambientes y la correcta distribución de las dosis permiten mejorar la eficiencia, pero aclaró que eso es muy distinto a eliminar nutrientes.

En fósforo, por ejemplo, sostuvo que las decisiones dependen mucho de la región y del nivel de fertilidad previo. Mientras en ambientes de alto potencial resulta difícil resignar inversión, en otras zonas es posible realizar ajustes más finos.

Donde fue categórico es en el papel del azufre.

Lo definió como uno de los nutrientes con mejor retorno económico en trigo y cebada y recordó que en numerosos ensayos las respuestas superaron ampliamente el costo de aplicación.

“Las respuestas a azufre son de las que más plata devuelven hoy al productor”.

La proteína puede ser el negocio de la campaña

Más allá de los rindes, Montaner puso especial atención sobre un aspecto que considera subestimado: la calidad.

Según su análisis, la combinación de fertilizantes caros y presupuestos ajustados puede derivar en una campaña con menor oferta de trigo de alta proteína.

Y donde aparece una escasez, aparece una oportunidad.

“Hay un 60 o 70 por ciento de probabilidades de que tengamos problemas de proteína”, advirtió.

La observación no es menor. Históricamente, los años en los que disminuye la oferta de trigo de calidad suelen generar primas que terminan compensando buena parte de la inversión realizada para alcanzarla.

Por eso propuso una discusión que considera pendiente: construir esquemas de bonificaciones más claros con la industria molinera.

“¿Por qué no sentarse con el molino y acordar una tabla de calidad antes de sembrar?”, planteó.

La propuesta apunta a que el productor conozca de antemano qué valor tendrá cada punto adicional de proteína y pueda tomar decisiones con mayor previsibilidad.

Dentro de esa estrategia también destacó el rol de las rotaciones.

Como ejemplo mencionó experiencias en Santa Fe donde la incorporación de vicia permitió incrementar significativamente los niveles de proteína en los cultivos posteriores.

Según explicó, el aporte de la leguminosa no sólo mejora la nutrición nitrogenada sino que además genera beneficios sobre el suelo y la estabilidad de los sistemas productivos.

Innovación sí, pero sin vender magia

Uno de los pasajes más interesantes de la charla apareció cuando se refirió a la enorme cantidad de productos que hoy se ofrecen como alternativas para reemplazar parcial o totalmente al nitrógeno tradicional.

Bacterias, bioestimulantes, formulaciones especiales y tecnologías emergentes forman parte de un mercado en plena expansión.

Montaner aseguró que participa activamente en la evaluación de muchas de esas herramientas y reconoció que existen resultados promisorios.

Sin embargo, pidió prudencia.

“Estamos encontrando cosas interesantes, pero no hay magia”.

El técnico recordó que la agronomía tardó décadas en comprender cómo manejar correctamente la fertilización nitrogenada y consideró apresurado pensar que una nueva tecnología pueda resolver por sí sola una limitante tan importante.

“Hasta que no tenga respuestas consistentes en la mayoría de los ambientes, no la voy a recomendar como reemplazo”.

La misma lógica aplicó al analizar otros cultivos de invierno.

Se mostró entusiasmado con los resultados obtenidos en colza, donde algunos planteos alcanzaron rendimientos excepcionales y márgenes ampliamente superiores a los del trigo y la cebada.

También destacó el potencial agronómico de la arveja, aunque reconoció que hoy enfrenta dificultades comerciales que limitan su expansión.

Sobre agricultura regenerativa, finalmente, eligió una posición equilibrada.

Dijo que le gusta el concepto y que valora la búsqueda de sistemas más sostenibles, pero insistió en que las propuestas deben medirse con datos y resultados concretos.

“Lo importante es que no haya verso. Que se puedan medir los resultados y que cada productor pueda comparar y decidir”.

Para Montaner, la campaña que comienza exigirá más análisis que nunca. Pero la conclusión sigue siendo la misma: en años inciertos, las mejores decisiones suelen apoyarse en aquello que ya demostró funcionar.

(*) Nota realizada por Agrositio

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