La perfección existe? Podría ser la pregunta a la hora de buscar explicaciones por las cuales vemos lo que vemos, cada vez que nos disponemos a seguir una jura de clasificación y más allá del trabajo de todas las razas, esta se magnifica cuando el producto puesto en una pista –la de Palermo es su máxima expresión- se trata de un animal Angus.
Es probable que Eduardo tenga razón, al dejar el consejo de que a veces, “la perfección es enemiga de lo bueno”, pero tal vez en este caso no aplique porque aquí, todo es bueno y la construcción es la búsqueda permanente de lo perfecto, aunque no exista, pero esa “zanahoria” constante, es la que permite ver el camino recorrido, la mirada siempre puesta a largo plazo, la crítica constante de que todo el tiempo, algo puede mejorarse, hay cosas para superar y hay errores que corregir.
Las palomas vuelan asustadas por la caminata de un animal que con más de mil kilos, apura el paso casi como al trote, sin que la relación de semejante estructura, parezca ser un inconveniente para sus movimientos. Solo el murmullo de cientos de charlas a la vez en la tribuna interrumpen la escena, mientras un silencio de respeto y admiración, pone todas las vistas en el hombre de elegante traje. Toca la punta de su “pichonera” y vuelve a cruzarse de brazos, en ese gesto que durante tres días, lo posiciona en un estado meditativo, abstrayéndose de todo, borrando de su imagen esas miles de personas que lo están observando. Gira sobre si mismo y vuelve hacia su secretario, sabiendo que allí encontrará el apoyo para las decisiones tomadas, confiado en que ese pequeño equipo, lo protegerá de cualquier detalle no visto.
Hace 3 años eligieron el padre. La idea era ir metiendo una línea colorada entre la especialidad de la casa, “el negro”. Líneas y líneas, años y años de combinaciones, fueron construyendo una idea productiva, para esos difíciles campos, con sequías a veces, con inundaciones en otras, con esa obsesión que impulsa siempre a buscar. “Veo muchas veces las vacas ahí en el alambre, más de una vez me paro porque me llama la atención, son las mismas que después aparecen con un cubrelomos en Palermo”, cuenta mi amigo Gustavo, que no es adepto a las exposiciones, pero con sus vecinos, tiene claro que lo mismo que hay en el campo, es lo que luego se expone.
Los datos son claros, el índice positivo a engrasamiento no se negocia, el peso final tiene números que sorprenden y a primera hora de la tarde, es premiada la cabaña porque uno de sus toros, fue el más usado durante el 2025 y 2026. Claro, que tus padres pasen a todos los rodeos, en la intimidad probablemente sea el mayor logro que un criador puede ostentar. Y como si fuera poco, otro toro de la misma cabaña, fue el quinto entre los diez primeros. La supuesta “construcción” de una genética, de un biotipo, de sus resultados, no tiene mucho para discutirse. Dije tres años? Si, para este ejemplar, otros tres para su madre, otros tres para sus abuelos y otros 30 para todo lo que día a día, cada criador va seleccionando. No hay magia, no hay atajos, la suerte solo es un argumento más, en todo el paquete.
El Lobo hace su habitual recorrida: primero mira la cabeza, esa que para muchos no tiene sentido y sin embargo quienes estudian la etología, entienden que allí nace el temperamento, la búsqueda, el olfato, la expresión hacia quienes serán atraídas o no, por el “macho” del rodeo. El pecho, el ancho, las costillas, el volumen, la profundidad, las pezuñas, los garrones, cómo se expresa el lomo, como caen los cuartos, la encoladura y su incidencia. Caminar es todo, allí estará el éxito en búsqueda de las hembras en celo, el “despeje” correcto no es un capricho, sus testículos hablan de fertilidad, su forma, su caída, su tamaño.
Dicen que la perfección no existe, pero aquí es tan pero tan cercana, que a veces la caminata del jurado, es simplemente el camino hacia algo superior, hacia una historia que ese toro que tenemos de culata y de cara a la tribuna, nos está contando. Muchos tal vez se queden con la foto, pero creánme, esa foto no dice absolutamente nada, sino miramos la película de cómo alguien, ese cabañero como todos y cada uno de los que paso por la pista, entendió que hay un juego de la perfección y que a veces, se está tan pero tan cerca, que el jurado termina palmando la misma.
No hay un Gran Campeón, hay cientos y cientos que llegaron a una pista y hubo uno, que dio la cara por todos ellos.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo
























