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Opinión

El precio de lo que vale

El “estado paternal” llevó al país al peor escenario: nadie invierte si los negocios no son rentable. La carne y la ganadería son el ejemplo de cómo destruimos el stock ganadero en pos de “carne barata” para todos.

Nos cuesta entenderlo, cambiar, ser parte, ya que hemos vivido por años afuera de todo y comprenderlo no es una tarea simple. De echo al mundo le cuesta, todo parece un “tire y afloje” constante, donde cuidar lo que hacemos, lo que producimos, lo que es nuestro, muchas veces entra en conflicto sobre “lo otro”, lo que viene de afuera y entonces allí, nace el debate.

Vivir aislados del mundo durante años, no puede ser nunca positivo. Podremos debatir si es nocivo para la industria nacional, podemos no estar de acuerdo si lo que debemos producir es necesario consumirlo acá o si eso debe ponerse en competencia con lo que “realmente vale” y dividir entre generar grandes divisas, o ser consumidores exquisitos. Cuál es el verdadero equilibrio?

Muchas veces hemos planteado esa fantástica frase de nuestro columnista Gustavo Almassio, donde quien produce muchas veces se vio obligado a esa idea de que como la tierra es de todos, lo que se produce es casi un “bien estatal, pero con riesgo e inversión privada”, basta entender que esa idea, llevó a nuestro país a perder en 5 años, ni más ni menos que 12 millones de cabezas de ganado, mientras el privado no tenga rentabilidad, la inversión no existe. Ejemplos sobran, nuestra energía (luz, gas, etc), nuestras rutas –todas estatales- y así el listado es infinito, lo que no da plata no vende, es sencillo.

Estados Unidos nos da una buena muestra para el debate: es uno de los primeros productores y exportadores de carne de calidad al mundo. Pero a la vez, es uno de los primeros importadores de carne. Para ellos es claro: lo que es bueno, lo que vale, hay que pagarlo. O se compite o se compra de afuera algo más accesible, más allá de que por estos días, el mismísimo Donald Trump por la falta de stock que también sufre el país del norte, decidió levantar aranceles para poder importar carne más barata, una medida casi populista. Discusiones o no si esto perjudica a los ganaderos, la medida se hizo, pero la fuerte exportación, permitió subsanar cualquier baja de los valores al productor.

Competir, linda palabra. Lógico, que cuando hablamos de China, es prácticamente imposible, todo queda fuera de foco, con costos imposibles de igualar, mano de obra ultra barata contra los peores impuestos que un país pueda tener, si miramos el famoso “costo argentino” y las docenas de ítems que contrae un producto puesto en una góndola o en una vidriera.

Sin embargo esto que tanto por estos tiempos tiene a mal traer a comercios, fábricas y otros, ha provocado que el consumidor pueda tener al alcance de la mano, la última tecnología del mundo y todo a precios más razonables y con ello, un montón de otros productos nacionales, inexplicablemente –para no ser muy duro con las respuestas- se pusieron a tiro, comenzaron a bajar valores, acomodaron costos, personal y otros. Y de repente, son competitivos.

El daño de la política de un estado supremo y paternal, no tiene fin, día a día seguimos descubriendo que cada vez que algo queda sin “ese manto protector” o desaparece o compite y allí es donde nace la realidad, porque tal vez el único motivo de su permanencia era dicha protección, la ineficiencia, la falta de competitividad, la mala predisposición, la visión equivocada de muchos negocios que aún no entienden que cambió el mundo en materia de ventas, siguen protestando cuando la única salida es el cambio, no es querer sobrevivir en un mundo cuya visión ya no existe.

Hoy el sector productivo vive día tras día esos cambios y muchos siguen bajo protesta: que el Visec, que el sangrado, que la deforestación, que el medio ambiente, que la ecología, que el bienestar animal, la trazabilidad de todo, la identificación, todo absolutamente es lo que el mundo quiere, exige y de no tenerlo, no lo compra o no lo paga.

Quedarse afuera, fue la peor idea de políticas retrogradas durante muchos años, que hoy no hoy ya no tiene vuelta atrás, para sobrevivir, hay que estar adentro. Para lo mejor, para elegir, para exigir, hay que pagar y esto también es válido para un perezoso, mal acostumbrado, mal criado y sobre todo, falto de ejercicio, hablo del consumidor interno. Ese que aprendió a comprar sin mirar, sin comparar, solo a protestar y pocas veces valorizar lo que es bueno. La carne argentina, es el mejor ejemplo de como por años, se regalo el “oro rojo del mundo”, solo por la idea, de que es nuestro.

Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

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