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Alerta por casos de polioencefalomalacia en terneros: la humedad y la primavera, bajo la lupa

El Laboratorio Álvarez advierte sobre un aumento de episodios en animales de recría a campo, una presentación poco habitual de esta afección. La detección temprana y el tratamiento con tiamina son claves para evitar la muerte de los animales.

La aparición de varios casos de polioencefalomalacia en terneros y animales jóvenes de recría encendió una señal de atención en el sudoeste bonaerense. Se trata de una problemática que históricamente estuvo más relacionada con los sistemas de engorde a corral, pero que ahora está mostrando una presencia llamativa en animales a pastoreo.

El dato no es menor. Las condiciones ambientales que viene atravesando la región, con períodos de elevada humedad y una primavera particularmente particular desde el punto de vista climático, podrían estar favoreciendo la aparición de estos episodios. Aunque los mecanismos que explican esta presentación a campo todavía no están completamente definidos, los casos registrados justifican prestar especial atención.

El doctor Ignacio Álvarez, del Laboratorio Álvarez, explicó que a principios de esta semana había advertido sobre la aparición de varios cuadros en la zona. Apenas dos días después, el INTA Balcarce emitió una alerta sanitaria por episodios similares en su región, lo que confirmó que no se trata de una situación aislada del sudoeste bonaerense.

“De forma llamativa venía asistiendo a varios casos de polioencefalomalacia en nuestra zona”, comentó el profesional, quien consideró importante abordar el tema para que los productores puedan reconocer los primeros síntomas y actuar rápidamente.

Una lesión cerebral vinculada a la falta de vitamina B

Antes de avanzar sobre las causas, Álvarez hizo una aclaración sobre el significado del término. La polioencefalomalacia no define en sí misma una enfermedad, sino una lesión cerebral.

“Cuando decimos polioencefalomalacia en realidad estamos describiendo una muerte de las neuronas en el cerebro”, explicó.

Uno de los principales mecanismos involucrados es la deficiencia de tiamina, también conocida como vitamina B1, un nutriente indispensable para el funcionamiento de las neuronas.

Los bovinos producen tiamina a través de las bacterias presentes en el rumen. Sin embargo, determinados cambios en la alimentación pueden alterar bruscamente esa flora ruminal y favorecer la aparición de una enzima denominada tiaminasa, que destruye o consume la vitamina disponible.

Históricamente, estos cuadros estuvieron asociados a animales en engorde a corral, donde los cambios bruscos de alimentación y las modificaciones del ambiente ruminal pueden desencadenar el problema.

Lo que llama la atención actualmente es su aparición en animales a campo, con una marcada estacionalidad durante la primavera. Si bien todavía no hay una explicación definitiva sobre los mecanismos que están detrás de estos episodios, las condiciones ambientales podrían tener un papel importante.

Los primeros síntomas pueden pasar inadvertidos

Uno de los aspectos más importantes que destacó el profesional es la necesidad de reconocer los signos iniciales. La enfermedad afecta principalmente a animales jóvenes y de recría, y comienza muchas veces con manifestaciones poco evidentes.

El ternero puede apartarse del resto del lote, disminuir el consumo de alimento, presentar ceguera o desorientación. En algunos casos comienza a chocarse contra alambrados y bebederos.

A medida que el cuadro avanza aparecen otros signos neurológicos, como caminar en círculos, temblores musculares y una postura muy característica: la extensión de la cabeza y el cuello hacia atrás.

En las etapas más avanzadas pueden presentarse decúbito lateral, convulsiones y finalmente la muerte del animal.

Por eso, Álvarez hizo especial hincapié en no esperar a que el cuadro se agrave para intervenir. La velocidad de respuesta es determinante para las posibilidades de recuperación.

La tiamina, una herramienta clave para salvar al animal

A diferencia de otras afecciones, la polioencefalomalacia tiene tratamiento. La herramienta terapéutica es la aplicación de tiamina inyectable, pero su eficacia depende fundamentalmente del momento en que se administra.

“En un animal que recién empieza, con los signos, que todavía camina, que lo ve ciego o desorientado, pero sigue en pie, la tiamina puede revertir el cuadro y muchas veces la mejoría se nota a las pocas horas”, señaló.

La situación cambia cuando el animal ya está caído o presenta convulsiones. En esos casos, el daño cerebral puede estar demasiado avanzado y las posibilidades de respuesta disminuyen considerablemente.

El veterinario explicó que el tratamiento contempla una primera dosis de ataque por vía endovenosa, aplicada lentamente, para lograr una adecuada concentración de tiamina a nivel cerebral. Posteriormente se continúa con aplicaciones intramusculares, de acuerdo con la evolución y el criterio profesional.

También advirtió sobre un detalle importante: no todos los productos que contienen tiamina están habilitados para su aplicación endovenosa. Por eso, es fundamental leer los marbetes y verificar tanto la vía de administración autorizada como la concentración de vitamina B1 que contiene el producto.

“Hay muchos frascos que dicen complejo de vitaminas B, pero no dice exactamente cuánta tiamina o vitamina B es la que nosotros necesitamos”, remarcó.

La respuesta al tratamiento también puede aportar información para orientar el diagnóstico. Si un animal presenta signos compatibles y mejora luego de recibir tiamina, constituye un indicio importante de que se está frente a este problema.

Prevención, recorridas y atención a los cambios de dieta

Más allá de la situación particular que se está observando en esta primavera, el profesional recomendó reforzar las recorridas de los establecimientos, especialmente cuando se realizan modificaciones en la alimentación.

Los cambios bruscos de dieta deben evitarse en la medida de lo posible. Además, es importante mantener alguna fuente de fibra disponible y aumentar la frecuencia de observación de los animales después de cualquier modificación alimentaria.

La recomendación también alcanza a otros trastornos digestivos, como la acidosis, que pueden aparecer asociados a alteraciones en el manejo nutricional.

Por otra parte, ante la muerte de un animal con sintomatología nerviosa y sin un diagnóstico preciso, se puede realizar una necropsia y tomar muestras de cerebro para su análisis. Según explicó Álvarez, el laboratorio puede confirmar la enfermedad en un plazo aproximado de cuatro o cinco días.

El mensaje final es claro: frente a un ternero que se aparta, deja de comer, presenta ceguera o manifiesta algún comportamiento neurológico extraño, no hay que esperar.

La polioencefalomalacia puede evolucionar rápidamente y dejar daños irreversibles. Por eso, la detección temprana, la consulta veterinaria y la disponibilidad de tiamina para actuar ante una sospecha pueden marcar la diferencia entre recuperar un animal o perderlo.

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