La reciente jornada del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) en cercanías de Tres Arroyos dejó una conclusión central: la Argentina cuenta con argumentos técnicos contundentes para enfrentar el nuevo escenario internacional de exigencias ambientales. Así lo afirmó el Lic. Adrián Bifaretti, responsable del área de Promoción del Instituto, quien expuso investigaciones clave vinculadas a la normativa europea que exige carnes libres de deforestación.
Escuchar nota de Adrián Bifaretti:
“Mostramos resultados muy sólidos desde el punto de vista metodológico”, resaltó Bifaretti. El primero de los trabajos, encargado a la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET, determinó que el 87% del territorio argentino tiene probabilidad de deforestación nula. Este dato —destacó— será central para “ir a negociar a la Unión Europea cuando haya que redefinir las clasificaciones” previstas por la normativa 1115 del bloque europeo.
Una ganadería con menor uso de agua y menos emisiones
El segundo estudio presentado fue un Análisis de Ciclo de Vida (ACV) de la carne vacuna argentina, una investigación inédita por su escala: representa el 21% de la faena nacional. “Usamos la mitad de agua para producir un kilo de animal vivo en tranquera que nuestros competidores y emitimos mucho menos dióxido de carbono”, subrayó. Estos resultados posicionan a la carne argentina como una de las más sostenibles del mundo.
“No solo tenemos el mejor asado desde el punto de vista del sabor, sino que detrás hay un proceso productivo que garantiza altos estándares ambientales”, afirmó.
Cómo define Europa la deforestación
Bifaretti explicó que el reglamento europeo parte de una definición estricta de “bosque”, basada en superficie, altura y cobertura de copa, que muchas veces no coincide con la definición argentina establecida en la Ley de Bosques. La fecha de corte es el 31 de diciembre de 2020, y las verificaciones se realizan mediante imágenes satelitales, comparando la cobertura vegetal entre distintos momentos.
“Si baja la superficie arbórea o se observa un suelo más desnudo o raleado, lo clasifican como deforestación o degradación forestal”, detalló.
Además, las exigencias incluyen legalidad laboral y fiscal, y que los establecimientos productivos no presenten conflictos con comunidades originarias. “Es un reglamento muy exigente, pero aun así Argentina está bien posicionada frente a otros países del Mercosur”, sostuvo.
Bonos de carbono y servicios ecosistémicos: lo que viene
El responsable del IPCVA señaló que el creciente interés por la trazabilidad, la caravana electrónica y otros sistemas de certificación abre la puerta a nuevas oportunidades. Entre ellas, los mercados de carbono y la posibilidad de “vender servicios ecosistémicos”.
“Esto se viene. En otros países está más desarrollado, pero debemos incorporarlo a la agenda. No vendemos solo carne; vendemos también los servicios ambientales que genera nuestro sistema productivo”, enfatizó.
El financiamiento internacional también mirará la sostenibilidad
Bifaretti remarcó que los organismos globales ya orientan sus fondos hacia proyectos agropecuarios que demuestran mejores prácticas ambientales. “Si hay dos proyectos y uno es más amigable con el ambiente, no tengas dudas: el financiamiento internacional va a ir a ese”, aseguró. Y consideró que este escenario representa otra ventaja para la ganadería argentina, que puede capitalizar su desempeño ambiental para acceder a nuevos mercados y fuentes de inversión.
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