El agua no está faltando, pero eso no significa que estén dadas todas las condiciones para alcanzar buenos rindes. Después de una campaña de fina que transcurrió con una buena disponibilidad hídrica en buena parte del sudoeste bonaerense, el comportamiento del clima durante septiembre y octubre sumó dos factores que generan preocupación: las heladas tardías y una sucesión de días con muy poca radiación solar.
La pregunta que empieza a instalarse entre los productores es cuánto puede pesar esta combinación sobre el resultado final del trigo. Porque, aunque las precipitaciones fueron bien recibidas, la producción de granos depende de otros factores que intervienen en momentos muy precisos del ciclo del cultivo.
Para analizar este escenario, en Mañanas de Campo dialogamos con el ingeniero Daniel Miralles, especialista en el cultivo de trigo y docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), quien puso el foco en un indicador que adquiere especial relevancia en las actuales condiciones: el cociente fototermal.
Mucha agua, pero menos radiación en el momento decisivo
La campaña arrancó con una buena condición hídrica, aunque las heladas de septiembre afectaron a distintos lotes, especialmente a los cultivos más adelantados que ya habían ingresado en encañazón. A ese primer condicionante se sumó un octubre marcado por la nubosidad persistente.
—Tenemos dos cuestiones. Partimos, en general, de una condición hídrica muy buena, pero aparecieron las heladas bastante tardías, con una intensidad muy fuerte y una duración también importante. Eso hizo que los cultivos se dañaran —explicó Miralles.

Sin embargo, el especialista advirtió que el problema actual va más allá de los daños provocados por las bajas temperaturas. La escasa radiación durante el período crítico del cultivo puede afectar directamente la cantidad de granos que finalmente se establecen.
¿Qué tiene que ver la falta de sol con el rendimiento? La respuesta está en la relación entre la radiación que recibe el trigo y la temperatura durante la etapa en la que se define su capacidad de producir granos.
Miralles explicó que el denominado cociente fototermal relaciona la radiación disponible con la temperatura. Cuando la radiación disminuye de manera marcada, el indicador cae y se generan condiciones menos favorables para la fertilidad de las flores.
En este año, además, se presenta una combinación particular: las temperaturas vienen siendo inferiores a las habituales, pero la caída de la radiación es mucho más pronunciada.
“Los días nublados hacen que dentro de ese cociente la radiación se reduzca sustancialmente”, señaló el docente.
Menos radiación, menos granos por espiga
El período crítico para determinar el número de granos se extiende, aproximadamente, desde la aparición de la punta de la hoja bandera hasta los primeros días posteriores al inicio del llenado, según detalló el especialista. Es una etapa decisiva porque el número de granos constituye uno de los principales componentes del rendimiento.
Durante ese período, el cultivo necesita disponer de recursos suficientes para que las flores que produjo puedan convertirse efectivamente en granos. Si las condiciones de radiación son desfavorables, una parte de esas flores no logra establecerse y se produce lo que se conoce como aborto floral.
“Muchas de las flores que el cultivo generó no van a poder establecerse como granos”, advirtió Miralles.
El efecto, por lo tanto, puede traducirse en una reducción del número de granos por espiga y, en consecuencia, del potencial de rendimiento.
El especialista aportó un dato que permite dimensionar la magnitud del fenómeno. Al referirse a información de Pergamino, indicó que el cociente fototermal presentaba valores aproximadamente un 50% inferiores a los de 2025 y cerca de un 30% menores que los de 2024.

Son referencias de una localidad de la región pampeana y no deben trasladarse automáticamente a todos los ambientes. Sin embargo, ilustran la magnitud de la caída del indicador en las condiciones analizadas.
La cuestión central es que no alcanza con tener humedad disponible en el suelo si, durante la etapa reproductiva, el cultivo recibe menos radiación de la necesaria para sostener la formación de granos.
Trigos largos, cortos y cebada: importa cuándo florecen?
¿El impacto será igual en todos los ciclos? La respuesta de Miralles es que la fecha de floración resulta más determinante que la clasificación del material por sí sola.
Las lluvias registradas al comienzo de la campaña retrasaron numerosas siembras y achicaron las diferencias habituales entre ciclos largos y cortos cuando llegan a floración. Por eso, actualmente, distintos materiales de trigo y también lotes de cebada pueden estar atravesando etapas reproductivas relativamente cercanas.
“Las tres, tanto largo y corto como en trigo y cebada, están experimentando este proceso de efecto negativo del cociente fototermal”, sostuvo.
No obstante, existen diferencias según el momento en que cada cultivo haya llegado a esa etapa. Los lotes que florecieron antes y ya avanzaron en el llenado de granos pueden haber quedado menos expuestos al período de mayor caída de la radiación. En cambio, aquellos que están floreciendo ahora o lo hicieron durante la última semana podrían sentir con mayor intensidad el efecto desfavorable.
La fecha de siembra, el ciclo, el estado fenológico y las condiciones particulares de cada lote serán, entonces, variables importantes para evaluar el posible impacto.
Esto también explica por qué no corresponde anticipar una pérdida uniforme para toda la región. El escenario plantea un riesgo agronómico concreto, pero su magnitud dependerá de cómo atravesó cada cultivo el período crítico.
El frío puede ayudar, pero las heladas y el golpe de calor son lo que preocupan
Hay otro aspecto que introduce un matiz en el análisis. Aunque la baja radiación puede reducir el número de granos, las temperaturas frescas pueden favorecer una prolongación del período de llenado, lo que abre la posibilidad de mejorar parcialmente el peso individual de los granos.
Miralles aclaró que esa compensación no necesariamente alcanza para recuperar la pérdida potencial en el número de granos, pero representa un factor favorable si las condiciones térmicas acompañan.
“Si tenemos temperaturas frescas, el llenado de grano es probable que sea un poco más prolongado y tengamos alguna chance de mejorar un poco el peso promedio de los granos ante esta caída en el número”, explicó.
Para el especialista, el escenario ideal de aquí en adelante sería que el cultivo complete el llenado sin episodios extremos de temperatura y sin nuevas heladas tardías.
Temperaturas moderadas, aproximadamente entre 15 y 25 grados, pueden resultar favorables para prolongar el llenado. En cambio, cuando aparecen golpes de calor con registros de 30 a 32 grados o superiores, el proceso puede acelerarse y perjudicar la acumulación de materia seca en el grano.
Las heladas tardías representan otro riesgo importante, especialmente para los lotes que todavía atraviesan etapas sensibles.
“Esperemos que el llenado de grano sea fresco, sin golpe de calor y sin heladas. Eso es un poco lo que esperamos”, resumió Miralles.
La campaña, por ahora, deja una paradoja: el agua que tanto necesitaba el trigo está disponible, pero la falta de radiación durante una etapa clave puede limitar la capacidad del cultivo para transformarla en rendimiento. La evolución del clima durante las próximas semanas será fundamental para determinar cuánto de ese riesgo se concreta y en qué medida las condiciones frescas permiten compensar, al menos parcialmente, el efecto sobre la formación de granos.
Infosudoeste

























