Esta semana, buceando en los archivos, me topé con una reflexión del recordado doctor René Balestra que merece ser recuperada, especialmente en estos tiempos que vivimos los argentinos.
Decía Balestra que el ayer forma parte insoslayable de la vida, tanto individual como colectiva, y que el arco de nuestra existencia une el ayer con el hoy y el mañana, y que prescindir de cualquiera de esos segmentos significa estar incompleto.
Se trata de una idea sencilla, pero de enorme profundidad; porque del ayer venimos. En él están nuestras raíces, nuestras experiencias, nuestros aciertos y también nuestros errores. Pretender ignorarlo, esconderlo o reescribirlo según las conveniencias del presente es condenarnos a no comprender quiénes somos ni por qué llegamos hasta aquí.
Pero Balestra también advertía sobre el peligro contrario, como es quedarse atrapados en el pasado, repitiéndolo una y otra vez, como si la historia pudiera convertirse en un refugio permanente. Eso, decía, es una segura manera de alcanzar el suicidio histórico.
En esta reflexión encontramos una gran actualidad en nuestro país, porque llevamos décadas discutiendo nuestro pasado. Muchas veces, no para comprenderlo, sino para utilizarlo como argumento de confrontación. Seguimos divididos entre relatos, memorias selectivas y verdades que parecen depender de quién las cuente. Mientras tanto, el presente reclama respuestas y el futuro espera decisiones.
No se trata de olvidar la historia. Tampoco de renunciar a la memoria, porque un país que olvida corre el riesgo de repetir sus equivocaciones. Se trata de asumirla con honestidad intelectual, sin fanatismos ni conveniencias partidarias. Reconocer lo que hicimos bien, aceptar lo que hicimos mal y aprender de ambas experiencias.
Los argentinos necesitamos reconciliarnos con la historia, no desde la uniformidad del pensamiento, sino desde la madurez de una sociedad capaz de reconocer sus diferencias sin convertirlas en enemistades irreconciliables. Hay que dejar de lado el Unitarios o Federales, Sarmiento o Rosas, Perón o Anti peronismo, Liberales o Kukas, y la lista se hace enormemente larga.
Necesitamos comprender que ningún gobierno, ningún partido, ningún dirigente y ninguna generación son dueños exclusivos de la verdad ni de la historia nacional.
El pasado debe ser memoria y enseñanza, no una cadena que nos impida avanzar. El presente, en cambio, debe ser responsabilidad, y no una excusa. Y el futuro debe ser un proyecto compartido, no una promesa que se renueva cada vez que fracasamos.
Quizás allí esté una de nuestras grandes asignaturas pendientes. Hay que aprender a construir sobre lo que fuimos, sin quedar prisioneros de lo que ya pasó; porque una sociedad que reniega de su ayer pierde sus raíces. Pero una sociedad que solamente mira hacia atrás termina perdiendo su mañana.
Los argentinos tenemos una historia demasiado rica, y también demasiadas oportunidades postergadas, como para seguir confundiendo memoria con rencor y diferencias con divisiones irreconciliables.
Desde la memoria, el querido René Balestra nos invita a pensar en que el desafío es integrar el ayer, comprender el hoy y construir el mañana. Al fin y al cabo, la historia no se detiene. Y el futuro de la Argentina no está escrito, pues depende, en buena medida, de lo que seamos capaces de hacer juntos desde este mismo presente.
José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

























