Las intensas precipitaciones registradas durante el otoño generaron demoras en muchas zonas productivas del sudeste y sudoeste bonaerense. Frente a las consultas de productores que aún no pudieron ingresar a los lotes, el Ingeniero Agrónomo Fidel Cortese llevó tranquilidad al señalar que las principales variedades de cebada conservan una importante flexibilidad en sus fechas de siembra.
Durante una charla con Gustavo Almassio en Mañanas de Campo, el especialista analizó además el impacto de las lluvias sobre la disponibilidad de nitrógeno y las estrategias de manejo necesarias para sostener rendimiento y calidad.
Todavía queda tiempo para sembrar
Una de las principales inquietudes de los productores pasa por las demoras acumuladas y el temor a quedar fuera de fecha.
¿Qué ocurre cuando las lluvias obligan a retrasar la siembra de cebada?
“La cebada es bastante más elástica que el trigo. Ninguna de las variedades que tenemos en el país tiene requerimiento de frío, por lo que podemos extender la fecha de siembra sin mayores inconvenientes. En las variedades más difundidas, como Montoya, Overton y Andreia, tenemos margen hasta mediados de julio para sembrar sin resignar rendimiento.”
Según explicó Cortese, las siembras muy tardías pueden aumentar el riesgo de golpes de calor hacia el final del ciclo, aunque los antecedentes recientes muestran primaveras más benignas.
“Todavía tenemos prácticamente un mes por delante para sembrar sin problemas. Incluso algunas variedades permiten extender un poco más esa ventana.La cebada tiene una ventana de siembra mucho más amplia que el trigo y todavía queda margen para implantar los materiales más difundidos sin afectar el potencial productivo.”
El nitrógeno, la gran preocupación de esta campaña
Las abundantes lluvias acumuladas durante marzo, abril y mayo dejaron otra consecuencia: la pérdida de nitrógeno en el perfil.
¿Qué encontraron en los análisis de suelo realizados en la región?
“Con más de 500 milímetros acumulados en muchos sectores, el nitrógeno prácticamente desapareció del perfil superficial. En muchos casos fue a parar a la napa. Por eso este año recomendamos más que nunca hacer análisis de suelo.”
El especialista remarcó que la baja disponibilidad de nitrógeno puede transformarse en un serio problema para la cebada cervecera, especialmente por el impacto que tiene sobre el contenido de proteína.
“El riesgo de obtener proteínas bajas es alto. Por eso recomendamos dividir la fertilización nitrogenada y reforzar las aplicaciones tardías.”
Cómo manejar la fertilización para no perder calidad
En campañas normales, muchos productores aplican cerca del 70% del nitrógeno al inicio y reservan el resto para etapas posteriores. Sin embargo, este año la recomendación cambia.
¿Cuál es la estrategia sugerida para esta campaña?
“Estamos apuntando a esquemas más equilibrados, del orden de 50-50 o 60-40 entre aplicaciones tempranas y tardías. Necesitamos acompañar mejor la demanda del cultivo y evitar quedarnos cortos en proteína.”
Además, destacó la importancia del monitoreo mediante imágenes satelitales, drones o franjas de saturación dentro de los lotes para detectar deficiencias nutricionales durante el ciclo.
“Si el cultivo sigue mostrando diferencias importantes respecto de una franja con exceso de nitrógeno, todavía estamos a tiempo de corregir mediante aplicaciones complementarias. Con los niveles de lluvia que tuvimos este otoño, el análisis de suelo deja de ser una recomendación para transformarse en una necesidad.”
Otro de los aspectos abordados durante la entrevista fue la evolución genética de las variedades cerveceras disponibles en Argentina.
Según Cortese, los programas de mejoramiento trabajan cada vez más cerca de la industria maltera, buscando materiales que combinen rendimiento, calidad y estabilidad.
“Hoy las variedades llegan al mercado después de una evaluación muy exigente por parte de las malterías. Ya no alcanza solamente con rendir bien; también deben ofrecer estabilidad de calibre y calidad industrial.”
Variedades más estables y mejor adaptación a la industria
El especialista señaló que esta evolución genética ha permitido reducir muchos de los problemas que históricamente enfrentaban los productores al momento de cumplir con las exigencias comerciales.
Más allá de las complicaciones provocadas por las lluvias, el panorama para la cebada sigue mostrando oportunidades interesantes. La amplitud de la ventana de siembra, sumada a herramientas de monitoreo cada vez más precisas y materiales genéticos más estables, permiten afrontar la campaña con optimismo.
La clave estará en ajustar correctamente la fertilización nitrogenada y realizar un seguimiento permanente del cultivo para acompañar los altos potenciales de rendimiento que vienen mostrando las últimas campañas.
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