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Las independencias que todavía nos debemos

Cada generación tiene su propia batalla por la independencia, y la nuestra consiste en construir un país más previsible, más justo, más próspero y unido.

Cada 9 de Julio volvemos la mirada a Tucumán. Allí, hace 210 años, un grupo de representantes de las Provincias Unidas tomó una decisión que cambiaría para siempre nuestra historia al declararnos libres de toda dominación extranjera.

Sin lugar a duda, fue un acto de coraje político, de visión y de enorme responsabilidad. Aquellos hombres entendieron que la libertad no era un regalo ni una consigna; era una construcción colectiva que exigía sacrificios y compromiso.

Pero la independencia no termina con una firma ni con una declaración. La independencia es una conquista que debe renovarse en cada generación.

Hoy, los argentinos seguimos celebrando aquella gesta extraordinaria, pero también deberíamos preguntarnos cuáles son las independencias que todavía nos debemos.

Nos debemos la independencia de la pobreza, que condena a millones de compatriotas a vivir sin oportunidades. Nos debemos la independencia de la inflación, que erosiona el esfuerzo cotidiano y convierte el futuro en una incertidumbre permanente. Nos debemos la independencia de la corrupción, que debilita la confianza en las instituciones y desalienta a quienes trabajan y producen honestamente.

También necesitamos emanciparnos de las divisiones estériles, de la confrontación permanente y de la lógica de que el adversario es un enemigo. Ninguna nación progresa cuando dedica más energía a enfrentarse consigo misma que a construir un proyecto común.

Nos debemos, además, la independencia de la resignación. Esa peligrosa idea de que las cosas no pueden cambiar, de que el fracaso es nuestro destino inevitable. La historia argentina demuestra exactamente lo contrario. Los momentos más importantes de nuestro país nacieron cuando hubo dirigentes y ciudadanos capaces de imaginar un futuro diferente y de trabajar juntos para alcanzarlo.

La verdadera independencia también pasa por fortalecer la educación, la cultura del trabajo, la producción, la innovación y el respeto por la ley. Porque un país es más libre cuando genera oportunidades para sus jóvenes, cuando sus instituciones funcionan, cuando el mérito encuentra reconocimiento y cuando el esfuerzo tiene recompensa.

El desafío no es solo recordar el pasado, sino estar a la altura de su legado. Los congresales de 1816 y las guerras de la independencia nos dejaron una patria libre. La calidad de esa libertad depende ahora de nosotros. Cada generación tiene su propia batalla por la independencia, y la nuestra consiste en construir un país más previsible, más justo, más próspero y unido.

Este último 9 de Julio no debió ser solamente una fecha para evocar la historia. Ha sido la oportunidad para asumir un compromiso. Porque la independencia no es únicamente un hecho del pasado; sino es una tarea permanente. Y quizás el mejor homenaje que podamos rendirles a quienes la proclamaron en Tucumán sea animarnos, de una vez por todas, a conquistar las independencias que aún nos faltan.

José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

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