Hay lugares donde la ganadería es una actividad productiva. Y hay otros donde, además, forma parte de una historia mucho más profunda. Cabaña Los Ángeles pertenece a este segundo grupo.
El próximo 4 de septiembre, en Azul, la cabaña llevará adelante su 39º remate anual, una trayectoria que habla de permanencia, pero también de una manera de hacer ganadería que se fue construyendo durante décadas.
El Padre Rubén Lacón, hoy a cargo del monasterio, vuelve a estar al frente de una jornada que representa el resultado de 365 días de trabajo: elegir padres, seleccionar madres, observar los rodeos y preparar animales que después serán puestos a consideración de clientes y amigos.
Este año la oferta estará integrada por unos 45 toros Hereford y alrededor de 20 Angus, con animales de pedigree, puro registrado y puro controlado.
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Una genética hecha para un campo que exige
Los Ángeles tiene una característica que condiciona y, al mismo tiempo, define su selección: buena parte del establecimiento es campo de cerro.
Allí no sobran los recursos. Los animales deben caminar, recorrer y producir en un ambiente donde la adaptación no es una característica secundaria.
“Nosotros somos la mitad de nuestro campo de cerro, ahí está la vaca, y a la vaca no le sobra mucho”, explica el padre Rubén.
Por eso, la búsqueda apunta a una vaca rústica, fértil y productiva, capaz de desenvolverse en un terreno que no ofrece las comodidades de un campo llano.
Esa condición también convierte el manejo en una tarea artesanal. El campo tiene cerros, formas irregulares y sectores donde no existen los lotes tradicionales. Cada decisión exige conocimiento y observación.
Y en esa combinación de ambiente y manejo se fue formando la identidad de Los Ángeles.
Hereford, Angus y una nueva etapa de selección
La tradición de la cabaña está fuertemente ligada al Hereford. Durante décadas, esa raza fue la principal protagonista de la selección.
Sin embargo, hace algunos años Los Ángeles incorporó también al Angus a su propuesta. Después de dos años sin vender reproductores de esa raza, este remate marcará el regreso de una oferta importante.
“Somos normalmente Herefordistas, pero ya hemos entrado hace un tiempo en el Angus”, explica Rubén. La decisión tuvo que ver con tomarse el tiempo necesario para ofrecer animales que respondieran al estilo buscado por la cabaña.

La oferta se completa con vientres Hereford, vacas paridas con ternero al pie y terneras destinadas a futuros servicios.
También habrá animales provenientes de la Chacra de Barrow, cuya selección viene mostrando buenos resultados y una demanda creciente, además de una participación de la cabaña Don Martín de Emiliozzi, establecimiento Hereford que se encuentra en plena expansión.
Una ganadería que también es una forma de vida
El momento actual de la ganadería también encuentra una mirada positiva desde Los Ángeles. Después de años de incertidumbre, Rubén observa nuevamente a los productores proyectando, mirando más lejos y recuperando entusiasmo.
La cabaña, reconoce, siempre eligió continuar apostando a la ganadería aun cuando las circunstancias no fueran sencillas.
“Nosotros siempre hemos ido por la ganadería porque el campo no nos manda”, explica.
Y esa perseverancia tiene mucho que ver con el carácter de la propuesta: una cabaña pequeña, artesanal, acompañada a lo largo del tiempo por personas que ayudaron a formar criterios de selección y a sostener un seguimiento permanente del rodeo.
El objetivo del remate, entonces, no es solamente vender reproductores. Es mostrar un trabajo y ponerlo a evaluación.
“Es un remate que normalmente ha sido normal y con la expectativa de poder demostrar el trabajo hecho y, al mismo tiempo, que sea evaluado como deseamos”, señala Rubén.
El martillo estará a cargo de la firma Alzaga & Unzue bajo la organización de la Sociedad Rural del Azul.

Ora et labora: trabajar, rezar y recibir
Pero si hay algo que distingue definitivamente a Los Ángeles es que detrás de esos toros y esas vacas existe una comunidad religiosa y una concepción de vida.
Los monjes trapenses siguen la regla de San Benito y tienen como lema una expresión que resume buena parte de su existencia: “ora et labora”. Orar y trabajar.
Y esa frase adquiere en el monasterio una dimensión concreta. Se trabaja, se produce, se da trabajo y, al mismo tiempo, se sostiene una vida dedicada a la oración.
“Trabajamos, damos trabajo y, al mismo tiempo, nuestra vida está dedicada a la oración para el bien del mundo.”
La ganadería forma parte de ese equilibrio. No como algo separado de la vida espiritual, sino como una de las maneras en que se expresa ese mandato benedictino.
Por eso, el remate anual es también una oportunidad de encuentro. El monasterio recibe a quienes llegan al campo y a quienes se acercan buscando algo más que una operación comercial.
Rubén lo resume con una mirada que trasciende la ganadería: “Nuestra vida está dedicada a la oración para el bien del mundo, y también para recibir a todos aquellos que se acercan al monasterio para encontrarse consigo mismos y con Dios, para sanar sus heridas, para tomar fuerza.”
El 4 de septiembre, entonces, Los Ángeles volverá a abrir las tranqueras para su 39º remate. Habrá toros, vientres, compradores, vendedores y toda la dinámica propia de una jornada ganadera.
Pero también habrá algo que permanece detrás de cada edición: una forma de entender el trabajo, el campo y la vida.
Los principales destacados:
Porque en Los Ángeles, después de 39 remates, la genética se selecciona en el campo, los animales se preparan con trabajo y todo el proyecto sigue atravesado por una misma consigna: ora et labora.
- 39º remate anual de Cabaña Los Ángeles.
- 45 toros Hereford, entre pedigree, puro registrado y puro controlado.
- 20 toros Angus, marcando el regreso de la raza a la oferta luego de dos años.
- Vientres Hereford, incluyendo vacas paridas con ternero al pie.
- Terneras para servicio, provenientes de un programa de selección con creciente demanda.
- Una genética desarrollada en un ambiente de cerros, con fuerte énfasis en rusticidad, fertilidad y productividad.
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