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Evolución

La producción, sus formas y la calidad de los alimentos, repercute en la vida social, es parte del legado del productor agropecuario.

Los hombres a su paso van dejando vestigios, porque el mundo no nos fue dado para contemplarlo sino para transformarlo. Todos los días y desde hace miles de años, el mundo que hoy conocemos no es más que la evolución de las ideas y el trabajo conjunto y flexible de cientos de miles de personas.

Leía hace unos días que cuando escuchamos la música que manos de maestros escribieron hace cientos de años o cuando vemos esculturas o pinturas en los museos o sentimos la influencia de nuestros ancestros, notamos esa poderosa sensación de que siguen viviendo.

Ese legado también lo encontramos en todas nuestras tareas. No importa la labor que hagamos, todas conllevan el mandato de vivir con dignidad y eso es poder disponer de nosotros mismos, sabiendo que lo que hacemos repercute de alguna manera en la sociedad.

Recuerdo que en un encuentro de ingenieros agrónomos de ACA, el doctor Emilio Satorre señaló que “los alambrados de nuestros campos tienen límites porosos hacia la sociedad”, para advertir que el viaje hacia el futuro de las empresas agroalimentarias está condicionado no sólo por la cantidad, calidad e inocuidad de los alimentos que produzcan, sino también por la relación sostenible que tengan con las comunidades. De allí la necesidad de instalar una eficaz comunicación, porque no sólo hay que tener una buena historia, sino que debe ser respaldada con el ejemplo.

Hoy por hoy también en los campos agrícolas y ganaderos, en los criaderos de cereales y en las cabañas, hay un mandato que deviene en el tiempo y que permanentemente se va renovando y evolucionando, sabiendo que detrás de esa labor no se busca crecimiento económico, sino también la creación de oportunidades que mejoren la calidad de vida en nuestras comunidades. Este compromiso es el motor que permite que el campo siga avanzando a pesar de muchos obstáculos que le presentan aquellos a los que no les interesa bucear en el espíritu que anima a quienes producen. Parece que en la política y en los gobernantes no existen los conceptos de evolución y trabajo flexible cooperativo, sino la palabra “imposición”.

José Luis Ibaldi

Para Mañanas de Campo

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