En la Argentina, desde hace muchas décadas, el camino parece tener una sola dirección: del pueblo a la ciudad. Del interior a las grandes urbes.
La consecuencia es pueblos que se achican, escuelas con menos alumnos, comercios que cierran. Y, del otro lado, ciudades cada vez más saturadas, con problemas de vivienda, transporte, servicios y empleo que crecen más rápido que las soluciones.
Ese éxodo silencioso no es solo una estadística; es una herida social. Cuando se va la gente se va el proyecto de vida, la familia, la historia del lugar.
En ese contexto aparece la Fundación Es Vici -una organización nacida en Suiza de la mano de la argentina Cintia Jaime- trabajando donde pocos miran. Su objetivo es frenar el despoblamiento rural y demostrar que vivir en un pueblo no tiene por qué ser sinónimo de resignación.
¿Cómo lo hacen? Generando condiciones reales para quedarse o volver. La Fundación acompaña emprendedores, facilita el acceso a la vivienda, conecta familias que quieren cambiar de vida con pueblos que necesitan crecer, y, sobre todo, fortalece el entramado local junto a municipios, escuelas y organizaciones.
En nuestro país, el caso de Colonia Belgrano, en Santa Fe, es un ejemplo concreto. Un pueblo que había empezado a perder habitantes logró revertir esa tendencia. Comenzó con la llegada de nuevas familias, y así nacieron emprendimientos y se recuperó algo que parecía perdido, como es, la idea de futuro.
Porque el problema del éxodo no es solo económico; también es cultural. Durante años se instaló la idea de que el éxito estaba lejos del lugar donde uno nació. La Fundación Es Vici propone otra mirada, donde el desarrollo también puede ser local, cercano, comunitario.
Claro que esto no reemplaza las políticas públicas necesarias; pero sí ilumina un camino posible. Uno donde el interior no sea el pasado, sino parte del futuro del país.
Tal vez sea momento de preguntarnos si el progreso consiste solo en agrandar las ciudades… o en lograr que nadie tenga que irse de su pueblo para poder vivir mejor. ¿Para pensarlo, no?
José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo


























