Por estos días ronda el pánico por una serie de aseveraciones que hace no tanto, planteamos en esto de una inteligencia, que de artificial tiene poco y nada. Aquel paralelismo de “Terminator” que no resulto tan ficticia, o aquella rebelión de “Yo Robot” planteando una avanzada hacia sus propios creadores, siempre terminan mostrándonos que todo puede suceder, que no existe nada pero nada tan real, como la ficción alguna vez creada.
Están los que se “rasgan” vestiduras, hablando del consumo energético, del gasto de agua del planeta, de la huella de carbono y otros, que una foto “ochentosa” puede provocar, como si esto tuviera algún tipo de relevancia de lo que viene por detrás. Claro, si uno escucha a todos los creadores, impulsores y hoy dueños de patentes de la IA por el mundo, todos reconocen que un ciber ataque, que una rebelión o que una autodestrucción, es algo tan real como probable, más allá de que algunos se aventuran a ponerle día y hora, algo que si llega a preocupar. “Antes del final de la década, podría matarnos a todos” fue la frase realmente categórica.
Pero que hay detrás de todo esto? La guerra moderna dejó de lado trincheras y fusiles, donde los “drones” son los verdaderos ejércitos, impulsados por una serie de estrategias, vuelos, reconocimientos, puntos de ataque, mapeos exactos de lugares, y fortunas derramadas en el aire, son parte de un “concierto” bélico que no es jugado en tableros, ni mapas imaginarios: no. Las estrategias, absolutamente todas, las traza la IA, con un supuesto plan de lucha, con posicionamientos, con búsqueda de lugares de ataque, con simulaciones, con cuanto puede otorgar una herramienta que es usada en una línea tan delgada como real.
Muchos países ante semejantes amenazas, retrocedieron con su uso –al menos en lo prometido- siguiendo las recomendaciones de sus propios creadores, una suerte de “freno mundial”, para que supuestamente todos se plegaran a un recaudo lógico y prometedor. Sin embargo, entre tantas amenazas, Donald Trump en su ya acostumbrada manera de hacer y decir, fue clara y contundente: “déjenla, nosotros la vamos a detener”, mientras que Xi Jinping, se refriega las manos esperando que todos retrocedan, para usarla a más no poder, creciendo no solo en su uso, su dominio y su poderío, con China dispuesto a ir a fondo en cuestiones de tecnología, en esta disparatada carrera de dominar al mundo.
Poco podemos hacer los “de a pie”, tratando aún de entender al simple “Chatgpt” mientras que “Alexia” todavía nos prende y nos apaga las luces, nos sube el volumen del televisor y escuchamos de fondo como nuestra aspiradora robótica, va hacia su base a enchufarse, no sea cuestión de que se acabe la batería en el momento que su “supuesto” jefe, la mande a trabajar un rato. Poco podemos hacer? Tal vez no tan poco, mientras que no sigamos entendiendo que son herramientas no para hacer fotos divertidas, jugar al conocimiento sin saber, en pocas palabras, “boludear” con un invento que fue realizado por el hombre y es el propio hombre que de la mano de su comodidad, su falta de compromiso, su poca ética y su escasa responsabilidad, pone todo en manos de una herramienta que alguna vez planteamos, ni siquiera es capaz de decir, “no lo se o no puedo” convirtiéndola así no en peligrosa “per se”, sino por la incapacidad de quien la manipula, no entendiendo limitaciones, responsabilidades y resultados.
Mientras no existan leyes claras de uso, mientras no se priorice un código de ética y sobre todo –parafraseando aquellas viejas películas- no se instale dentro de su uso el “humano como límite” a su avance, todo puede ser, el temor y las amenazas, son tan reales como lo no artificial que poseen. Mientras las guerras, las estrategias, la economía, el alimento, la medicina y cuanto sea de vital importancia para las Naciones, sean puestas en manos de esta “creación”, la misma posee en su poder, todos y cada uno de los puntos más frágiles de la humanidad. Responsabilidad y ética, dos valores que ni sus creadores, sus usuarios y la propia IA, desconoce.
Estamos a tiempo, aunque hoy ese reloj, corre claramente en contra de todos y cada uno de nosotros, por propia decisión.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo























