Sufridos, siempre han sido muy sufridos, aguantando los embates, manejando los tiempos, años a la defensiva, intentando ganarla como sea, con coraje, con mucha esperanza, aunque siempre peleando con enemigos internos, con todo lo que siempre ha implicado ser de cierta manera “las figuras” de un país que los ha tenido como emblema. Por eso, en este tiempo tan especial, donde parece que encontraron su momento, donde las cosas empiezan a salir, donde el mundo habla de ellos, quiero dedicarles estas pocas líneas para ponerlos en el lugar donde siempre debieron estar.
Claro, pleno mundial y las palabras siempre saben a fútbol, porque allí se encierran los secretos del sacrificio, de la entrega, de luchar en la adversidad, de creer en lo que se hace, cuando a veces el resto, solo espera que lo tuyo sea para disfrute ajeno, sin importar los procesos o cuanto hayas dejado en el camino, de hecho sin siquiera pensar, en los que quedaron atrás, en los que no llegaron a “contarla”, en aquellos que tuvieron un sueño, que nunca llegó a cumplirse.
Y si lo pienso un poco, ellos y el fútbol son la marca registrada, no existe nada tan importante para un Argentino, como la pelota y el producto de ellos, porque justamente estamos en un país, donde le enseñaron a la gente con años de doctrina, mentiras, intervenciones y ninguneos, que lo que ellos producen, es de todos y casi que tienen históricamente la obligación de producirlo, sin que importe si hay beneficios o no. A esta altura, entenderán que no hablaba ni de la selección, ni de los jugadores, ni de la pelota. Hablo de los que producen la mayor marca argentina, la más reconocida, la más codiciada, la más buscada por todos: Carne, la nuestra.
Y si hablamos de los que siempre pensaron que este momento llegaría, ellos son los ganaderos. “Algún día la vaca va a valer” dijimos hasta no hace mucho, hará un año, no mucho más que esa frase, era como una “espada de Damocles” impuesta, donde hasta el mundo confabuló en contra, con corrientes veganistas, vegetarianistas, ambientalistas, proteccionistas y todos los populistas que hacían fuerza, para que el sector más importante de este país, la pasara mal. Y un día, el mundo dijo basta, se cayeron varias mentiras juntas y llegaron las libertades que implicaban simplemente que el producto vale, lo que su consumidor –interno o externo- está dispuesto a pagar.
Y le llegaron las reglas de mercado, porque el mundo de repente comenzó a pedir carne, porque las proteínas más valiosas, las tiene la carne vacuna y no hay soja, ni versos que la reemplacen y en un planeta que entendió que la salud pasa por la nutrición, dejó de mirar para un costado. Y rápidamente, temblaron los “stocks”, porque nunca el mundo, pensó que había que invertir en el. Y claro, imagínense nosotros que siempre estuvimos fuera del mundo, mucho menos. Menos producto, más demanda, llegó el día, “que la vaca vale”.
Y ahí van, por primera vez en vaya saber cuántos años, hoy tienen esperanza. Se ilusionan, laburan como siempre laburaron, pero empiezan a creer. Invierten más que nadie, porque su producto lo ven dentro de por lo menos 2 años en adelante. Arriesgan, porque el clima siempre está ahí, inundando, secando, poniendo las cosas difíciles, pero para ellos, ese no es el desafío, siempre fue, es y será, político, porque ahí se decide que tipo de país se necesita, si uno subsidiado, sin incentivos, poco productivo –como fueron todos los gobiernos populistas- o uno con futuro, con mirada a largo plazo, con esperanza, con sueños, con ganas de ir para adelante y estar insertos.
Los ganaderos, son dignos de admiración, en ellos se resume todo lo que un productor agropecuario significa, en pasión, en trabajo, en resiliencia y en la capacidad de ver siempre oportunidades, a pesar de que todo esté patas para arriba. La vaca vale y es la demostración que los sueños, también pueden hacerse realidad.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

























